Septiembre y la vuelta al cole son un buen momento para retomar rutinas, revisar hábitos y prestar atención también a la salud bucodental de los más pequeños.
Una de las dudas más frecuentes entre los padres es saber cuándo deberían llevar a sus hijos al ortodoncista. ¿Hay que esperar a que hayan salido todos los dientes definitivos? ¿Los dientes torcidos significan necesariamente que necesitará aparato? ¿Qué ocurre si tiene el paladar estrecho, respira por la boca o los dientes no encajan correctamente?
La respuesta más importante es que no todos los niños necesitan ortodoncia y, mucho menos, todos necesitan comenzar un tratamiento a la misma edad.
Sin embargo, realizar una valoración ortodóncica durante el crecimiento permite detectar alteraciones que pueden pasar desapercibidas para las familias y determinar si simplemente hay que observar su evolución o si existe algún problema sobre el que conviene actuar.
En Clínica Ibaseta apostamos precisamente por eso: diagnosticar antes de tratar y prevenir antes de corregir.
¿Por qué llevar a un niño al ortodoncista si todavía tiene dientes de leche?
Durante la infancia están sucediendo muchas cosas al mismo tiempo: erupcionan los primeros dientes definitivos, crecen los maxilares, evoluciona la mordida y se desarrollan funciones relacionadas con la masticación, la deglución o la respiración.
Por eso, una valoración ortodóncica permite mirar mucho más allá de si un diente está ligeramente torcido.
El ortodoncista puede estudiar cómo están creciendo los maxilares, cómo encajan ambas arcadas, si existe espacio suficiente para los dientes que todavía deben erupcionar y si hay determinadas alteraciones que conviene controlar durante el crecimiento.
Y detectar una alteración no significa necesariamente empezar un tratamiento.
En muchas ocasiones, la decisión correcta será simplemente realizar un seguimiento y esperar al momento adecuado.
La primera revisión de ortodoncia, alrededor de los 7 años
Este es uno de los mensajes más importantes para las familias.
La Sociedad Española de Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial (SEDO) recomienda realizar una primera revisión con el ortodoncista en torno a los 6-7 años, aunque aparentemente no exista ningún problema.
¿El motivo? A esta edad suele comenzar una etapa especialmente interesante para valorar el desarrollo de la boca: conviven dientes temporales y permanentes y es posible observar cómo están evolucionando tanto la dentición como los maxilares.
Acudir al ortodoncista a los 7 años no significa poner aparato a los 7 años. Significa comprobar que el desarrollo se está produciendo correctamente y disponer de un diagnóstico temprano si existe alguna alteración.
Detectar determinados problemas durante el crecimiento permite al especialista decidir si hay que intervenir, cuándo hacerlo y cuál es la opción más adecuada para ese niño.
En algunos casos no será necesario hacer absolutamente nada más que revisar periódicamente. En otros, aprovechar determinadas fases del crecimiento puede facilitar el abordaje de problemas relacionados con el espacio, la mordida o el desarrollo de los maxilares.
Por eso, más que hablar de una edad concreta para “poner aparato”, es preferible hablar de una edad para realizar una primera valoración y empezar a vigilar el desarrollo de la sonrisa.

10 señales que conviene vigilar durante el crecimiento
Aunque el diagnóstico debe realizarlo siempre un profesional, existen determinadas señales que pueden ayudar a las familias a identificar que sería conveniente consultar con un ortodoncista.
1. Pérdida demasiado temprana o tardía de los dientes de leche
Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, pero determinadas alteraciones en la caída de los dientes temporales o retrasos en la aparición de los permanentes pueden justificar una valoración.
2. Falta de espacio o paladar estrecho
Un maxilar estrecho puede estar relacionado con problemas de espacio, apiñamiento o determinadas alteraciones de la mordida.
No se trata únicamente de observar si los dientes están torcidos: también es importante valorar si existe espacio suficiente para que los dientes permanentes puedan erupcionar correctamente.
3. Líneas medias desviadas
Cuando el niño cierra la boca, la línea central de los dientes superiores y la de los inferiores deberían guardar una determinada relación.
Una desviación evidente puede ser una señal de que la mordida necesita ser estudiada.
4. Mordida abierta
Se produce cuando, al cerrar la boca, determinados dientes superiores e inferiores no llegan a contactar.
En algunos niños puede observarse claramente un espacio entre los dientes anteriores incluso cuando están mordiendo.
5. Sobremordida
Ocurre cuando los dientes superiores cubren excesivamente a los inferiores al cerrar la boca.
Además de afectar a la mordida, determinadas situaciones pueden favorecer problemas funcionales o desgastes con el paso del tiempo.
6. Mordida invertida o desarrollo adelantado de la mandíbula
Si al morder los dientes inferiores quedan por delante de los superiores, es especialmente recomendable realizar una valoración durante el crecimiento.
Estudiar cómo se están desarrollando ambos maxilares permite determinar el origen del problema y valorar su evolución.
7. Espacios llamativos entre los dientes
Los espacios o diastemas durante determinadas etapas del recambio dental pueden ser completamente normales.
Sin embargo, cuando resultan especialmente marcados o persisten, el ortodoncista puede valorar si forman parte del desarrollo normal o si existe alguna causa que convenga estudiar.
8. Determinadas dificultades relacionadas con el habla
Algunas alteraciones dentales, de la mordida o de determinadas funciones orales pueden coexistir con dificultades en la pronunciación. Su presencia no significa necesariamente que exista un problema ortodóncico, pero puede justificar una valoración conjunta con los profesionales adecuados.
9. Respiración oral, ronquidos o problemas respiratorios durante el sueño
Si un niño duerme habitualmente con la boca abierta, ronca de manera frecuente o respira predominantemente por la boca, conviene comentarlo con los profesionales sanitarios correspondientes.
El ortodoncista puede valorar el desarrollo de los maxilares y de la cavidad oral como parte de un abordaje que, cuando sea necesario, deberá ser multidisciplinar.
10. Apretamiento o rechinamiento de los dientes
El bruxismo infantil puede aparecer en determinadas etapas y no siempre implica que exista una patología.
Sin embargo, si es persistente, existen desgastes evidentes o el niño refiere molestias, es recomendable consultarlo para determinar si necesita seguimiento.
¿Dientes torcidos significa que necesita aparato?
No necesariamente.
Esta es otra de las razones por las que resulta importante diferenciar entre detectar una alteración y comenzar inmediatamente un tratamiento.
Durante el recambio dental, la boca de un niño cambia continuamente. Puede haber espacios, dientes que parecen desalineados temporalmente o situaciones que se modifican conforme erupcionan nuevas piezas.
El trabajo del ortodoncista consiste precisamente en distinguir qué forma parte del desarrollo normal, qué necesita seguimiento y qué puede beneficiarse de una intervención.
La decisión debe partir de un diagnóstico individualizado, no únicamente de la apariencia de los dientes.
Ortodoncia infantil: prevenir también significa saber esperar
La prevención no consiste en tratar antes por tratar.
Consiste en diagnosticar a tiempo para poder elegir el momento adecuado.
Hay problemas que pueden beneficiarse de una actuación durante el crecimiento. Otros deben observarse durante un tiempo. Y otros podrán tratarse perfectamente cuando el niño sea mayor.
Por eso no existe una única respuesta para todos los pacientes.
En Clínica Ibaseta, la valoración ortodóncica permite estudiar el desarrollo dental y óseo, la mordida, el espacio disponible y las características particulares de cada niño para establecer un seguimiento personalizado.
El objetivo es disponer de la información necesaria para tomar buenas decisiones: ni intervenir antes de tiempo ni llegar tarde cuando existe un problema que podría haberse detectado durante el crecimiento.
Septiembre: volver al cole y volver a cuidar sus hábitos
La vuelta al cole supone recuperar horarios, actividades, comidas y muchas de las rutinas que se relajan durante las vacaciones.
También puede ser un buen momento para retomar las revisiones de salud oral de los más pequeños.
Además de valorar el crecimiento y la mordida, septiembre permite revisar hábitos de higiene, detectar caries, comprobar la evolución de los dientes definitivos y resolver esas dudas que suelen aparecer a medida que los niños crecen.
“¿Es normal que tenga los dientes así?”
“¿Cuándo deberían salirle los caninos?”
“¿Por qué duerme con la boca abierta?”
“¿Tiene suficiente espacio para los dientes definitivos?”
“¿Necesitará aparato?”
No es necesario que los padres sepan responderlas. Precisamente para eso están las revisiones.
Si tu hijo tiene alrededor de 7 años, este septiembre puede ser un buen momento para su primera valoración de ortodoncia.
En Clínica Ibaseta estudiamos cada caso de forma individualizada para valorar cómo se están desarrollando sus dientes, sus maxilares y su mordida y determinar si necesita tratamiento, seguimiento o, sencillamente, seguir creciendo.
Porque cuidar su sonrisa hoy también significa cuidar su salud oral del futuro.